Hablando por la red
Lo prometido es deuda, así que hoy acabaré lo que ayer fui incapaz de hacer. La promesa era comentar el uso de la voz en la web, y el motivo de que me decida ahora es no sólo el hecho que en las últimas semanas los servicios por voz aparezcan como setas, sino la aventura comenzada por mi amigo Jordi, que ha comenzado a editar su propio podcast dentro de su cada vez más conocido UnBlogMás. En su primera edición, que veía la luz el pasado sábado aparecía mi nombre, y es que en un principio intentó que yo colaborará con él para hacer el audio más ameno, ofrecimiento que le agradecí enormemente pero que decliné, ya que ni me gusta oír mi voz - supongo que le pasa a todo el mundo, pero nunca he superado este trauma -, ni soy demasiado partidario de mezclar diferentes canales de comunicación en un medio, como sería un blog.
Sin embargo en esta opinión parece que nado contracorriente, al menos en algunas de las aplicaciones que se le están dando. En las últimas semanas los avances que se dan para integrar cada vez más la voz en la web crecen casi de forma exponencial. Todo comenzó en el ya lejano 2003, cuando aparecía la primera gran revolución: Skype, software que se define a sí mismo como “un pequeño programita que te permite hablar en Internet… gratis”. Nada que objetar a este servicio, que permite una interacción verbal tan ágil como la telefonía convencional - interacción en cualquier caso a años luz de la que se consigue con un contacto físico, pero útil en cualquier caso -, y con un factor añadido: un ahorro considerable en nuestros bolsillos.
A esta novedad siguieron multitud de aplicaciones similares motivadas en gran parte por las mejoras en las comunicaciones digitales, entra las que podemos destacar GTalk, también orientada a una comunicación síncrona, en un intento de Google de arrebatar cuota de mercado a Skype. Y aprovechando esa sincronía que ofrece la comunicación verbal Google ha intentado acabar con la asincronía del correo electrónico, fusionando su servicio de correo GMail con GTalk, de forma que en lugar de enviar un correo puedas iniciar una conversación si el destinatario está en ese momento conectado. Nuevamente una ventaja, al eliminar la asincronía del correo electrónico en favor de la sincronía de una conversación directa.
¿Todo son ventajas tan claras? En mi opinión no todo son aplicaciones que ofrezcan ventajas, y al final podemos acabar con una saturación del uso de la voz que en lugar de facilitar la comunicación la acaben dificultando de una forma totalmente innecesaria. Los podcasts se sitúan a medio camino entre ambas posturas. No ofrecen una ventaja por si mismos, pero tampoco veo que dificulten en absoluto la comunicación. Si un blog se compara con la prensa escrita - aunque yo creo que un símil poco acertado -, los podcasts se asemejan a un programa radiofónico. No hace ningún daño al blog en que se publican, y en el mejor de los casos puede que pase a oirte alguien que no te leía. Además hay muchos bloggers que llevan un locutor radiofónico en su interior, como me comentó Alberto el otro día. Nada que objetar, por mucho que no acabe de convencerme el sistema - maniático que es uno-.
Caso distinto es la reciente moda de realizar comentarios por voz, donde si que considero que es un paso atrás en lo que a comunicación se refiere. Dentro de este grupo encontramos servicios como barradevoces.com y Odeo. El primero, de desarrollo español, graba los mensajes a través de una llamada vía SkypeOut o un teléfono convencional a un 902, en el que a modo de contestador automático permite grabar un mensaje. El segundo simplemente graba un mensaje que puedes introducir a través de un micrófono cualquiera. ¿Qué ventaja ofrecen respecto a un comentario clásico? Además de la gracia de escuchar la voz de quien te lee yo no le encuentro ninguna. Requieren más ancho de banda - hay quién aún no dispone de ADSL -, requieren más espacio para ser guardadas - vale, eso hoy en día no representa un problema traumático -, no permiten hacer búsquedas en el texto ni existen los hipervínculos por voz - aunque supongo que todo se andará -, y son casi más fríos que un simple texto escrito - ¿quién no se ha sentido ridículo hablando a un contestador automático por mucho que sepas que después lo oirá alguien de carne y hueso? -.
Con todos estos problemas, ¿por qué utilizar este servicio? ¿Humanidad? ¿cercanía? Debe ser que soy demasiado pragmático en ese aspecto. En cualquier caso, mucho debe cambiar mi opinión al respecto - y la tecnología - para que me decida a realizar un podcast propio, o incorporar un servicio de contestador automático en DkT’s blog. Eso sí, prometo que los siguientes artículos serán más cortos.
menéame
